
TEGUCIGALPA. — La reciente crisis humanitaria en Sudamérica ha terminado de desnudar la realidad del panorama político en Honduras. Lo que comenzó como un debate sobre cooperación internacional ha dejado al descubierto una incómoda verdad: el verdadero poder del país no se maneja desde la Casa Presidencial, sino desde el Congreso Nacional.
La abierta contradicción entre el mandatario de la República, Nasry Asfura, y el presidente del Poder Legislativo, Tomás Zambrano, respecto a la tragedia que azota a Venezuela, confirma el secreto a voces que se respira en los pasillos políticos de Tegucigalpa: el Ejecutivo ha quedado en un segundo plano.
El detonante: La negativa de Nasry Asfura ante la tragedia en Venezuela
Tras los devastadores terremotos que sacudieron al pueblo venezolano el pasado 24 de Junio —dejando un trágico saldo de múltiples víctimas, muertos y miles de heridos—, el presidente Nasry Asfura asumió una postura tajante. De forma contundente, Asfura declaró públicamente que Honduras no enviaría ayuda humanitaria al país sudamericano.
Esta decisión fue duramente criticada por diversos sectores, que la calificaron como una postura carente de diplomacia y de la más mínima solidaridad internacional ante una catástrofe de tal magnitud. Sin embargo, el verdadero impacto político estaba por venir desde el propio seno del gobierno.
Tomás Zambrano toma el control y desautoriza al Ejecutivo
El portazo de Asfura fue desarmado de inmediato y sin miramientos. En una jugada política que anuló por completo la autoridad del Ejecutivo, el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, tomó las riendas de la situación.
Zambrano no solo propuso de manera unilateral el envío de asistencia de emergencia a Venezuela, sino que aceleró el proceso en la cámara legislativa:
Iniciativa directa: Presentó la propuesta de apoyo humanitario saltándose la línea del Ejecutivo.
Aprobación exprés: Logró el respaldo inmediato del pleno del Congreso.
Revés político: Deslegitimó la postura oficial que el presidente de la República había fijado horas antes.
Un vacío de poder evidente: ¿Quién gobierna realmente?
Este hecho trasciende la asistencia humanitaria; representa una demostración de fuerza y un golpe de timón político. Para diversos analistas y sectores de la oposición, el mensaje hacia el plano nacional e internacional es inequívoco: el rumbo estratégico del Estado hondureño se decide en el Legislativo.
Que el jefe de Estado diga no y el jefe del Congreso ejecute un sí que finalmente se cumple, confirma una preocupante dualidad de poderes.
El panorama actual demerita la figura presidencial. La realidad de los hechos demuestra que, aunque Nasry Asfura ostente formalmente el título de presidente de la República, es Tomás Zambrano quien realmente gobierna, toma las decisiones de peso y ejerce el poder real en Honduras.

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